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- " EL INSPECTOR "
(THE GOBERNMENT INSPECTOR)
DE  NIKOLAI GOGOL

VERSION Y DIRECCION  VILLANUEVA COSSE

VESTUARIO DANIELA TAIANA

ESCENOGRAFIA  E ILUMINACION
TITO EGURZA

TEATRO  GENERAL SAN MARTIN - 2000

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VIDEO FOTO ACTO 5

VIDEO FOTO ACTO 1

VIDEO FOTO ACTO 5

VIDEO FOTO ACTO 4
FICHA ARTISTICA
La obra de NikolaiGógol, se estrena en la sala Martín Coronado del teatro San Martín el 12 de octubre del 2000, con la dirección general de Villanueva Cosse
VIDEO FOTO ACTO 3
ELENCO
El falso inspector Roberto Mosca
Gobernador Antonio Ugo
Esposa del gobernador
Verónica Cosse
Hija del gobernador
 Lisette García Grau
Osip
Roberto Castro
Secretario de justicia
Alfonso De Grazia
Secretario de salud pública
Francisco Nápoli
Secretario de educación
Jorge Suárez
Secretario de comunicaciones
Gonzálo Urtizberea
Bobchinski
 Salo Pasik
Dobchinski 
 Jesús Berenguer
Director del Hospital
Claudio Rissi 
Secretario del gobernador
 David Di Napoli
Mishka
 Alejo García Pintos 
Advotia
Gimena Riestra
Igor
Ramiro Agüero
Boris
German Salvatierra
Alexis
Marcelo Mininno
CAMAREROS, COMERCIANTES E INVITADOS A LA FIESTA:

Jorge Graciosi,           Carlos Kaspar
Chucho Lozada,        Héctor Nogués
Abian Vainstein,     Norma Darienzo,
Victoria Aragón,             Irene Grassi
y   Paulina Torres


ASISTENTE DE DIRECCION
Monica Lopez Muños
Lito Bara
ASIST. DE ESCENOGRAFIA
Julieta Ascar
ASIST. DE VESTUARIO
Gabriela Cancro
MERITORIO DE DIRECCION
Guillermo Parodi
ENTRENAMIENTO CORPORAL
Germán Salvatierra

MUSICA ORIGINAL:
Edgardo Rudnitzky

ILUMINACION:
Tito Egurza / Miguel Morales

VESTUARIO Y MAQUILLAJE
Daniela Taiana

ESCENOGRAFIA 
Tito Egurza

DIRECCION
Villanueva Cosse

PRODUCCION TEATRO SAN MARTIN

VIDEO FOTO ACTO 1 VIDEO FOTO ACTO 4
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PROPUESTA ESCENOGRAFICA de Tito Egurza
 


La obra de Gogol 'El Inspector" escrita en 1836, comedia satírica sobre la corrupción instaurada en el poder, a pesar de su siglo y medio de antigüedad conserva, desgraciadamente, una actualidad que en la Argentina y en el resto de casi todo el mundo, permanece con una vigencia apabullante.
El humor, a la manera de una comedia de equívocos, conserva su eficacia en esta versión de Villanueva Cosse.
La búsqueda, para la puesta en escena de este espectáculo, estuvo dirigida en primer lugar a la "teatralidad" (un gran juego teatral) y fundamentalmente a lograr una dinámica, que con ciertas libertades anacrónicas (que acentuarán la atemporalidad del tema) permitiera "contar", en forma entretenida, esta obra de casi tres horas de duración.

SOLUCIONES FORMALES

La propuesta escénica, la estructura de la obra dividida en 5 actos, la intensión de poner de manifiesto el delirio de sus personajes, etc., trajo como resultado el planteo de un dispositivo escénico que permitiera configurar los distintos espacios mediante movimientos escenográficos tradicionales a la manera de "decorados" (bastidores jugados desde parrilla) y diferentes configuraciones, en altura de pisos con una escalera central fija.

4  DE LAS  15  POSICIONES  DIFERENTES

MAQUETA VIRTUAL 3 MAQUETA VIRTUAL 2
MAQUETA VIRTUAL 1 MAQUETA VIRTUAL 5

Espacialmente se moduló en altura con patas-bambalina (especie de rompimientos geométricos) creando "cajas" perspectivadas cuyo cierre parcial (bastidores) delimitaban la acción.

 ROMPIMIENTOS EN  4  "CAJAS"

ROMPIMIENTOS

Se puso énfasis en un estilo de imagen (con libertades no realistas) de las representaciones de principio del 900 con pasacalles y candilejas incluidas.
En el tratamiento de los "bastidores-decorados" se resolvió, a la manera de las mansiones rusas con empapelados y ricos brocatos en sus paredes. A tal fin la solución paso por exagerar la escala de estos ornatos hasta constituirlos, de por si, en elementos de fuerte carácter gráfico que permitieran despojar de cualquier otro elemento de ambientación.

DISEÑOS  DE  "BROCATOS"

GRAFICA 1 GRAFICA 2 GRAFICA 3 GRAFICA 4
La realización de estos "brocatos" se baso en un diseño hecho en computadora y posteriormente ploteados (plotter de 5m de carro) sobre loneta plástica mate. Excepto los 6 bastidores que aparecen al promediar el 5to acto, en dorado rojo y negro, que fueron realizados a mano en los talleres del teatro.

El piso de la escena se consiguió con un uso mixto de practicables de hierro y tapas de madera forrados en pana negra y las silletas mecánicas que mediante un sector fijo central, ocupado por la escalera, permitía mover los laterales con los practicables, para conformar los niveles de cada escena

ESQUEMA DE PLANTA

ESQUEMA PLANTA

Los rompimientos se forraron en tela gris que permitiera colorearlos alternativamente con la iluminación.

El planteo lumínico se basó en la ya mencionado: 
En primer lugar el área de actuación con luz brillante acompañada por uso de candilejas, y los ambientes, sobre bastidores y rompimientos con fuerte color.

Se buscó en todo momento "el protagonismo del vestuario" altamente colorido y por momentos delirante y anacrónico (quinto acto que retrocede en el tiempo hasta los esplendores del imperio mientras, en contraste, la aparición de los verdaderos inspectores con ropas de 1990) pone él énfasis en la actualidad del tema.

VIDEO FOTO VESTUARIO

VIDEO FOTO ACTO5

VIDEO FOTO ACTO5

PRIMEROS DIBUJOS EN 3D
DIBUJO ACTO 1

DIBUJO ACTO 2

DIBUJO ACTO 3

DIBUJO ACTO 5

DIBUJO ESCENA FINAL
VIDEO FOTOS DEL ESPECTACULO
VIDEO FOTO ACTO 1

VIDEO FOTO ACTO 1

VIDEO FOTO ACTO 2

VIDEO FOTO ACTO 3

VIDEO FOTO ACTO 3

VIDEO FOTO ACTO 4

VIDEO FOTO ACTO 5
VIDEO FOTO ESCENA FINAL


 
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CRITICA

.Lunes 16 de Octubre de 2000
ISABEL CROCE


Gogol puede ser nuestro contemporáneo

Desopilante puesta de Villanueva Cosse de "El inspector" en el teatro San Martí

La puesta de Villanueva Cosse logra unir buen gusto, inteligencia y un refinado humorismo.
La versión del director tiene una vigencia absoluta y sus diálogos parecen extraídos, por su actualidad, del diario del día. Es una obra donde básicamente se respeta el tiempo y espacio original, salvo en momentos puntuales y en el final donde el tiempo salta un siglo y medio con sorprendente efecto y en armonía con los momentos anteriores.

Todos los aspectos técnicos han sido cuidados al máximo. La música es una de las protagonistas fundamentales de la pieza que asume una estructura coral donde los momentos son señalizados musicalmente y en su comienzo asume una  imagen plástica notable. Hay un concienzudo trabajo de dirección sobre cada movimiento actoral que en algunos momentos asumen caracteres coreográficos.

El diseño de los distintos planos escenográficos es de un refinado gusto, excelente la iluminación y el vestuario creativo y bello.
La primera escena de "El inspector" es una hija directa de la inolvidable "Sueño de una noche de verano" que realizara Villanueva Cosse sumergiéndonos a todos en una pura atmósfera shakespeariana que no eludía, como en ésta, los anacronismos, con gracia y elegancia.

 La puesta en escena de Villanueva Cosse revela una solidez creativa que permite todo tipo de licencias verbales, interpretativas o de vestuario que refuerzan en armonía significados y formas.
La interpretación es un espectáculo aparte. Roberto Mosca (el inspector) que no comienza en plenitud, va subiendo durante la obra hasta finalizar convertido en el  "pícaro" ideal. Antonio Ugo como el gobernador, con su reconocido profesionalismo da todos los matices de su personaje tan conocido por todos los argentinos.

Hay actuaciones que son realmente para destacar. Nos referimos a Claudio Rissi como el Director del Hospital que hace desternillar de risa a todos los presentes con su notable gestualidad, evocadora de lo mejor del cine mudo. Jorge Suárez en el amanerado pero nunca desbordado Jlopov; el francamente desopilante criado del Inspector, Osip personificado por Roberto Castro y una deliciosa e inolvidable María Antonovna: Lisette García Grau, actriz joven de gran futuro. Muy bien Verónica Cosse como la madre (ver escena de ambas vestidas iguales o asomadas a la ventana), Alfonso de Grazia y Francisco Nápoli. Gonzalo Urtizberea en un interesante trabajo gestual como Kusmich al igual que la criada de Gimena Riestra. Germán Salvatierra en el comienzo y el final logra una perfecta imagen plástica.  Todo el elenco es un ejemplo de homogeneidad y funciona verdaderamente como un equipo afiatado.

En síntesis, un Gogol aggiornado pero bien ruso y universal, con poder para significar hoy sin necesidad de golpes bajos o efectismos sin sentido.


Miércoles 25 de octubre de 2000
OLGA COSENTINO


Venalidad que hizo escuela

Se estrenó en el San Martín El Inspector, de Nikolai Gógol   -   Clasificación: MUY BUENA

Cuando Nikolai Gógol estrenó El inspector (1836), la decadente sociedad rusa y sobre todo su clase política no estaban acostumbradas a verse retratadas públicamente. Mucho menos con un lenguaje realista que denunciara sin eufemismos la corrupción y la estupidez de sus funcionarios y burócratas. Eran otros tiempos.

A tal punto que el autor tuvo que irse de San Petersburgo tras el escándalo que desencadenó su sátira. La insolencia con que se desnudaba la inoperancia e inmoralidad de los gobernantes y la penuria de los gobernados había puesto incómodos a los primeros. Sin duda, eran otros tiempos.

No obstante, la pequeña anécdota demuestra que nada cambió demasiado. Un joven petersburgués llega a un pueblo y los burócratas locales lo confunden con un inspector del gobierno central. Es atendido con obsecuencia, para comprar su silencio ante las pruebas de mala administración que irá descubriendo. El visitante —un tarambana ni lento ni escrupuloso— saca partido de la confusión.

A más de un siglo y medio de su estreno, hoy El inspector es un clásico. Una obra de repertorio que es bueno volver a ver cada tanto, entre otras razones porque es un alarde de estructura dramática. Algo que la dirección de Villanueva Cosse respetó y valorizó con una cantidad de ingredientes visuales, musicales y de interpretación. 

El espectáculo mantiene el interés a lo largo de tres horas de función y de una cantidad de episodios costumbristas enlazados a la acción principal para develar abusos y mezquindades cotidianos. No agregan demasiado pero hacen brotar esa textura verosímil que tan bien manejaron los realistas rusos del siglo XIX. 

La escenografía (Tito Egurza) no intenta recrear los salones petersburgueses; sólo alude a esos ámbitos principescos con bastidores de tapicería adamascada. Deliberadamente más explícito, el vestuario (Daniela Taiana) define con lujo exhibicionista la ostentosa, grosera frivolidad de los personajes. La música de Edgardo Rudnitzky también hace intencionadas acotaciones que ilustran o dialogan con las situaciones. Estos lenguajes adyacentes a la actuación aportan sentido y completan un montaje en el que los detalles no son ociosos ni exteriores. 

Los más de 25 actores del elenco responden a una marcación cuidadosa, no sólo al servicio de la acción sino de la descripción de un carácter. Roberto Mosca, a pesar de su lograda performance como protagonista, no da el perfil de un joven tarambana y seductor. Pero, entre otros, el torpe director de escuelas que anima Jorge Suárez, el venal gobernador (Antonio Ugo) o la tonta de su hija (Lisette García Grau) son viñetas jugosas. 

Hacia ese registro de caricatura colorida y barroca fue llevado el realismo del texto. El recurso despegó la obra de la obviedad que pesa como lastre sobre un tema agotado. Porque son otros tiempos.

Martes 17 de Octubre de 2000
Nina Cortese


Un Gógol tan cercano y actual que duele

Las obras de Nicolás Gógol,  poeta, novelista y dramaturgo, revolucionaron al teatro ruso y la furiosa polémica entre conservadores y liberales que se desató en abril de 1836, en ocasión del estreno de «El inspector», derivó en un escándalo que fue zanjado por el emperador, que la defendió de sus atacantes.

La pieza es una feroz denuncia de la venalidad de los funcionarios. Pero como para Gógol «los abusos no tienen origen en las deficiencias nacionales o históricas sino en el carácter mismo del hombre», lo que él hace, según sus propias palabras, es «poner un espejo frente al rostro de los hombres» y no es culpa del espejo si la imagen que devuelve es monstruosa o deforme. El autor no disfruta pintando la degradación, el suyo es un humor doloroso: el humor de un moralista que desearía cambiar el mundo. Su muerte testimonia este dolor: acosado por la desesperación, en febrero de 1852, se recluye en su lecho y deja de comer. Muere el 4 de marzo.

Los más grandes actores y directores rusos han presentado la obra, que con el correr de los años sufrió innumerables modificaciones. Uno de los más recordados protagonistas fue Michael Chéjov.

Jlestako, un petimetre de 23 años, atildado y carilindo, vago y tarambana, es tomado por un inspector por los funcionarios de una pequeña provincia. Y como todos tienen manejos que ocultar, lo adulan y lo llenan de coimas. No son mejores los pobres que le presentan reclamos (escena suprimida en esta ocasión). Gógol no comete el error de suponer que «los de abajo son mejores que los de arriba».

Villanueva Cosse ha tenido la inteligencia de respetar el tiempo, el lugar y el estilo de la pieza, sin intentar aggiornarla y eso redunda en el excelente resultado de una puesta rica en hallazgos, vigorosa y funcional. El espectáculo dura casi tres horas, pero el interés no decae en ningún momento. 

Villanueva tampoco comete el error de permitir que sus actores se rían de sus personajes.  Aunque ridículos, ellos se toman muy en serio. Y logran que sea el público quien se ría, aunque esa risa tenga un resabio doloroso. Porque aunque el director no cometa el desacierto de subrayarlo, la realidad que pinta la pieza es desdichadamente muy semejante a la nuestra.

Aunque todo el elenco se desempeñe con acierto, hay tres trabajos que sobresalen sobre los demás. Jorge Suárez hace del Inspector de Escuelas un ser timorato y pervertido, afectado por una hemiplejia, que aterriza frecuentemente en el piso. Desopilante sin caer en la caricatura. Francisco Nápoli compone a un Director de Salud malévolo y desmesurado que parece sacado de «El diario de un loco». Muy buen trabajo. Y Lisette García Grau, como la estúpida del alcalde, saca buen partido de su pacata criatura sometida a la madre.

La escenografía de Tito Egurza es excelente: soluciona los problemas que presenta la puesta, diferenciando los distintos espacios en los que se desarrolla la trama.

Es atractivo y acertado el vestuario de Daniela Taiana y la música de Eduardo Rudnitzky subraya con precisión las diversas situaciones y responde al estilo de la pieza. 


 Hilda Cabrera

La corrupción, como una constante de la historia
El director Villanueva Cosse logra imprimir clara actualidad a una obra que el ruso Nikolai Gogol escribió en 1836, en la era de los zares.

”¿A cuánto ascienden sus urgencias?”, pregunta el funcionario al supuesto inspector llegado de San Petersburgo a una provincia de la Rusia zarista, cuyo gobernador se enorgullece de presionar y recibir regalos de comerciantes, banqueros y de cualquier otro individuo de su feudo dispuesto a que alguien cubra sus urgencias, a sobornar y ser sobornado. Vista así, la corrupción es una línea al infinito. No hay quién la quiebre, sobre todo porque en esta historia cada cual sabe cómo parapetarse tras las máscaras institucionales y mantener un siempre renovado “espíritu de cuerpo”. De manera que, ante el imprevisto que amenaza quebrar la bonanza burocrática, unos y otros superponen sus manos como si fueran juramentados y se interrogan con deliberado cinismo: “¿Somos una familia o una pandilla de delincuentes?”. Si bien El inspector, de Nikolai Gogol (1809-1852), transcurre en otro tiempo y lugar (la Rusia del zar Nicolás I), el director Villanueva Cosse logra imprimirle actualidad al poner en primer plano temas básicos como la corrupción y la estulticia. 

Sin ser despiadada, la crítica enjuiciadora desequilibra la superficial armonía de un sistema anquilosado. En tanto autor de la versión, Cosse va instalando de modo subterráneo esas situaciones de naturaleza perversa, equiparables en más de un aspecto a las que se suceden en la Argentina actual. Basta ver a los protagonistas de este equívoco apelar a una gestualidad mecánica (¿acaso porque no se le puede pedir ética a un autómata?) o simular una inocencia que no es sino un síntoma revelador de la existencia de grandes falacias y encubrimientos. 
Como si la intención del director fuera develar sólo a medias esos puntos oscuros, la atmósfera es aquí invariablemente festiva. Un logro de quienes están a cargo de los rubros técnicos (escenografía, vestuario, iluminación y música) y de un elenco eficaz, en el que se destacan Antonio Ugo (el gobernador), Roberto Mosca (el supuesto inspector), Alfonso De Grazia y Jorge Suárez.

Es fundamental en este punto el ágil ritmo impuesto a la obra, opción que atempera la extrema ingenuidad de algunos pasajes yla desproporcionada duración de esta puesta, de algo más de tres horas, incluido un intervalo. De todo esto resulta una versión esmerada y fresca de la sátira que Gogol escribió a los 27 años, 
Se trata de una obra calificada de perfecta por su construcción y de intención ética, en tanto describe comportamientos que deterioran la calidad humana. En este sentido, la conexión con la realidad actual es directa. 

Renovando códigos, algunos tomados de la pantomima y de la Commedia dell’Arte (popularizada en Europa a través de las compañías itinerantes italianas de los siglos XVI, XVII y XVIII), la versión presentada en la Sala Martín Coronado retrata sin pretensiones didácticas un lugar en el que empiezan a fallar los cimientos. 
Pero, si bien es tremendo el susto de los que van a ser investigados, se presiente que éstos recuperarán pronto el status anterior. Como advierte uno de los personajes, esto ocurrirá siempre y cuando no hayan robado por encima de lo que le permite a cada cual su jerarquía. Es indudable que los implicados saben operar de forma solidaria: reorganizarse, reciclar el pasado y hacer de la corrupción un asunto atemporal que, en vez de fragmentar, amalgama.

 


 
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