- MARAT SADE

DE   PETER WEISS

VERSION Y DIRECCION  VILLANUEVA COSSE

VESTUARIO  DANIELA TAIANA

ESCENOGRAFIA
TITO EGURZA

TEATRO  SAN MARTIN  DE BS. AS -  2009


- - - -




PERSECUCION  Y MUERTE DE JEAN PAUL MARAT REPRESENTADAS POR EL GRUPO DE ACTORES DEL HOSPICIO DE CHARENTON BAJO LA DIRECCION DEL  SEÑOR DE SADE

DE  PETER WEISS

Versión al español
Villanueva Cosse y Nicolás Costa


Coordinación de producción
Gustavo Schraier
Asis. de dirección Silvia Contreras / Silvia Sacco
Asistencia artística Mina Battista

Asistencia musical Cecilia López
Asis. de escenografía y vestuario Cecilia Stanovnik

Entrenamiento corporal y escénico: Diego Starosta
Música y entrenamiento vocal:
Carmen Baliero
Iluminación: Tito Egurza, Miguel Morales
Vestuario:
Daniela Taiana

Escenografía: Tito Egurza

Dirección:
 
Villanueva Cosse



SE ESTRENA EN EL TEATRO SAN MARTIN

SALA MARTIN CORONADO

EL 23 DE MAYO DE 2009


CON EL SIGUIENTE ELENCO

SADE ...................................... Lorenzo Quinteros
CORDAY................................. Malena Solda
MARAT.................................... Agustín Rittano
 o   Pablo Navarro
RELATOR................................Luis Longhi
DUPERRET............................... Edward Nutkiewicz
SIMONE................................... Verónica Cosse
COULMIER.............................. Iván Moschner
ROUX............................Santiago Ríos

Cantantes

Cucurucú Luis Herrera
Kokol Julián Pucheta
Rosignol Sol Fernández López
Monjas
Gabriela González López / Iride Mockert / Carla Pantanali Sandrini

Enfermeros
Pablo Rinaldi / Javier Medina Pérez

Locos
Daniela Catz / David Di Napoli / Montenegro / Gastón Courtade / Marcelo Fiorentino / Irene Goldszer / Gabriel Maresca / Paula Ransenberg / Lucía Rosso / Pablo Vascello / Félix Tornquist / Agustín Rittano o Pablo Navarro




PRODUCCION: TEATRO SAN MARTIN 2009
COMPLEJO TETRAL DE BUENOS AIRES

MARAT SADE

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ACERCA  DE  LA   OBRA



PETER WEISS      
1916 - 1982
Pieza emblemática del teatro de los sesenta, Marat-Sade replantea los límites y las contradicciones de ese acontecimiento inaugural de la violencia política de la modernidad que fue la Revolución Francesa, a través del enfrentamiento dialéctico entre Jean Paul Marat, uno de los ideólogos de la revolución, y el Marqués de Sade, presentado como un individualista nihilista.

Manifestación particularmente eficaz del procedimiento conocido como “teatro dentro del teatro”, la obra escenifica la representación de una pieza escrita y montada por Sade en el manicomio de Charenton, donde el “divino marqués” pasó sus últimos años, y cuyo argumento es, precisamente, el asesinato de Marat

 El contrapunto entre los dos personajes centrales cobra la forma de un debate entre la libertad individual y el ideal revolucionario, dos voces que se complementan y generan un discurso poderosísimo y  provocador. Marat encarna la hipótesis de la funcionalidad de la razón, mientras que Sade representa la dimensión vital que subyace a la racionalidad. Aunque, alternativamente, la locura y la razón broten en la escena como dos estados inseparables de lo humano.
ACERCA  DE  LA  PUESTA  Y  LA  VERSIÓN


VILLANUEVA  COSSE
No me hubiera adelantado a la época del revolucionario Marat, que es premarxista si lo comparo con el pensamiento de la izquierda, pero sí me ocupé de que su discurso fuera coherente, a pesar de que en la obra lo interpreta un internado. El subrayado de las incoherencias le daría un tono realista que no me interesa porque, finalmente, el pensamiento de Marat parte de la visión de un Sade condenado a pasar su vejez entre dementes.

En la línea ideológica de este Marat lo peor es “la no lucha”, porque la lucha, aunque equivocada, es vital.   A propósito de esta obra Susan Sontag escribió que la idea genial de Weiss fue ubicar el examen de un proceso revolucionario en un lugar de locos. El mundo está loco y lo ha estado siempre.

La locura se ve en el hecho de que todos mis locos no son de “decorado” sino que se hacen cargo de las acciones: son el pueblo de París, los que observan las ejecuciones y gritan, y los que asaltan al público invitado, porque es a ese público al que miran y no al que está en la platea.

De ahí la necesidad de contar con público "real" en el mismo escenario

Villanueva Cosse

SOLUCIONES FORMALES
Como está dicho  es "Teatro dentro del Teatro"  . Es el teatro que juegan los locos de Charenton (dirigidos por Sade)  en un espacio (los baños) , sin escenografía y con una producción, que podíamos llamar "con lo que tienen a mano y como se pueda" .  E incluso para un público propio: los invitados al hospicio para ver la función.  Es decir,  para "esta obra" no hay escenografía", solo algunos elementos de utilería que , obviamente, los locos tomaron del mismo hospital y su vestuario es la misma ropa que usan los internos (camisas de fuerza inclusive) y algún aditamento necesario que también, suponemos, encontrado.
A su vez, todo este conjunto  (teatro 1) es un espectáculo teatral (teatro 2) que se estrena en el T. San Martín de Bs As-
Es decir, que la escenografía que el público de Bs As debería ver, es la del hospicio donde se da la función de Sade.
Consecuentemente, y para simplificar este concepto general, creo y así fue encarada, que la verdadera escenografía es corpórea, real y, sobre todo, funcional.
De ahí que la propuesta es la sala de baños,  con sus duchas, el espacio central donde se juega el "teatro 1" y el espacio del público que concurre a la representación de Sade en esta mezcla de hospital  y cárcel que  fue Charenton en 1813.
Charenton fue un lugar de reclusión de "antisociales".  Es decir, no había entre sus internados solo locos, también había presos que hoy llamaríamos políticos. Sade es un ejemplo de ello,entre otros

En la planta escenográfica tuvo cabida:

A)  Sector elevado posterior con las duchas (que funcionaban) 
B)   Un ante baño, en gradería  y de acceso a duchas, 
C)   Paredes de ante fondo con ventanas y rejas pivotantes
D)  Un podio central  exagonal de actuación
E)   Tribunas para el público.  Carros móviles para final
PLANTA ESCENOGRÁFICA



ASECTOR DE DUCHAS Y CASTIGO
BGRADERIA ANTE BAÑO
CPAREDES ANTE FONDO
DPODIO  DE  ACTUACION
ETRIBUNAS  DE  PUBLICO

SOLUCIONES  TÉCNICAS
Las soluciones constructivas y la elección de materiales está dentro de  de lo que podríamos denominar "tradicional" . Hierro, madera, tela y pintura.
Sin embargo  existieron, principalmente, dos problemas que por las necesidades de puesta y estéticas , era necesario resolver especialmente, dado su carácter complejo.
Son las que figuran (en plano) como  "A"  y  "E":
 "A": el sector elevado de duchas que funcionaran realmente varias veces durante el espectáculo
 "E" las tribunas para el público real, en altura, con sus accesos, sus asientos y  fundamentalmente con la propiedad de ser móviles por requerimiento de la escena final
 LAS DUCHAS_________________________________________________________________________
Independientemente del diseño formal del sector "A" , con sus falsas columnas, sus paredes , sus ventanas, su textura tipo "piedra", el hecho de utilizar agua real en  un escenario, tenía sus complicaciones.

Las soluciones que se fueron encontrando para cada inconveniente fueron altamente satisfactorias y absolutamente funcionales:
1) La provisión del agua pensando que se utilizarían alrededor de 150 litros por función, se resolvió con un tanque depósito de esa capacidad.  Con la particularidad, que dicho líquido era calentado por resistencias eléctricas para no perjudicar a los actores, que eran expuestos a la "lluvia", a  contraer un resfrío.
2) La distribución se hacia por 3 circuitos de caños alimentados por una bomba y que llegaban a 7 duchas
3) El agua vertida era recibida por un piletón construida en el mismo practicable (como se ve en el dibujo) iimpermiabilizado con resina polyester y con desagüe

4) Como además del agua sobre la pared de fondo se arrojaba pintura, para permitir la limpieza y a la vez proteger de la humedad a los bastidores, estos se forraron con cerámica  30x30  al tono pegada con cemento de contacto al terciado de 6mm  con que estaba forrado el bastidor  que armaba la pared
 LAS TRIBUNAS - CARRO_______________________________________________________________
El acceso del público desde la sala, se efectuaba por escaleras laterales al escenario.  Y luego por escaleras propias de la tribuna que por su posición (ver plano) estaban muy cerca de la embocadura. Sobre las gradas internas se ubicaban las sillas.

Ambos laterales tenían rejas de carácter ambiguo : protegían al público de los locos o encerraban al espectador (?)
La altura mínima del espectador : su silla estaba a 1.20m del piso de la escena, es decir que sus ojos estaban aproximadamente  a 2.40m de alto.. Para llegar a amenazar a estos los locos debían trepar



Por el frente y debajo del nivel del público existían 3 troneras, con rejas corredizas,  a guillotina, de hierro; por donde eran introducidos los locos rebeldes.
Los carros tenían motores como se explica en "Escena Final"
MARAT SADE
LA  UTILERIA
MARAT SADE
La utilería especial diseñada para Marat-Sade, entre otras, contaba con 3 elementos protagónicos.

La bañera de Marat (fundamental) construida con interior de chapa de zing y desagüe con depósito interno para recoger el líquido que Simone volcaba para el alivio de Marat.. También llevaba ruedas para los continuos desplazamientos por la escena .

La camilla vertical de tortura para Roux con correas para sujetarlo y prensa cabeza (tipo carretilla con ruedas)

Por último la camilla que reemplaza la carro de condenados a la guillotina.  Esta camilla era volcada en el centro de la escena y en unos cepos laterales, los condenados ponían su cabeza.  Finalmente contaba con una truca de chorreado de sangre que surgía aparentemente del cuello de las víctimas
IMAGENES
MARAT SADE
MARAT SADE
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IMAGEN  FINAL
En el momento que comienza el alboroto final de los locos que se revelan contra el director Coulmier quien abandona con su séquito de monjas y enfermeros la escena, los locos tienen la primera reacción al ver que las tribunas del público se van cerrando sobre ellos, lo que quieren impedir y fracasan. Al mismo tiempo que esto ocurría, también se va achicando la embocadura a la misma velocidad en que los carros con el público se mueven hacia el centro.  Su rebeldía continúa  y ahora su ataque se dirige contra lasduchas adonde arrojan sus zapatos como proyectiles.
En ese momento todo se ilumina de rojo  y al darse vuelta descubren que una enorme reja cierra la boca del escenario. Al mismo tiempo que avanzan hacia ella una contraluz potente (HMI 5000w) proyecta la sombra de la reja sobre los espectadores de la platea.
Todo esto es observado por Sade "desde afuera" quién gira, mira al público de la sala y sale.  Apagón final
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.PREMIOS

ASOCIACION CRONISTAS DEL ESPECTACULO  (ACE)
ACE          Nominado Mejor Escenografía  2009  -  Tito Egurza
ACE          Nominado Mejor Iluminación 2009  -  Tito Egurza y Miguel Morales
ACE          Premio Mejor Dirección  2009  -  Villanueva Cosse
ACE          Nominado Mejor Obra Dramática   2009  
ACE          Nominado Mejor Actor Protagónico   2009    Lorenzo Quinteros
ACE          Nominado Mejor Música Original   2009  Carmen Baliero
ACE          Nominado Revelación Masculina   2009    Agustin Ritano
PREMIO TEATRO DEL MUNDO 2008-2009
Dirección          Villanueva Cosse
Adaptación       Villanueva Cosse, y  Nicolás Costa Premio Mejor Adaptación 2009
Actriz                 Malena Solda
Actor                 Lorenzo Quinteros
Vestuario          Daniela Taiana
Escenografía    Tito Egurza
Música              Carmen Baliero
Iluminación       Tito Egurza y  Miguel Morales
PREMIO MARIA GUERREO 2009
MARIA GUERRERO   Villanueva Cosse  Nominado Mejor Dirección 2009
MARIA GUERRERO  Tito Egurza  Premio Mejor Escenografía 2009
MARIA GUERRERO  Tito Egurza y Miguel Morales  Nominados Mejor Iluminación 2009
MARIA GUERRERO  Daniela Taiana  Nominada Mejor Vestuario 2009

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CRITICA 


Viernes 29 de mayo de 2009

La dialéctica filosófica de Weiss, impecable

El montaje de Villanueva Cosse es magistral

Nuestra opinión: excelente

Monumental, compleja y fascinante, Marat/Sade sigue siendo un desafío para quienes la aborden, porque mantiene intactas las virtudes que hicieron de ella uno de los textos fundamentales de la dramaturgia del siglo XX. A cuarenta y cinco años de su estreno (1964, Schiller Theater de Berlín, dirigida por Konrad Swinarski), parece escrita hoy. 

Siempre vigente

En fin, todos los problemas que siguen hostigando a la humanidad. Sólo que en 1808 hacía ya cuatro años que Napoleón Bonaparte (el militar providencial en cuyos brazos se había refugiado la Revolución Francesa, harta de contradecir sus propios lemas de libertad, igualdad y fraternidad) se había proclamado emperador, y era necesario sostener a toda costa que su gobierno era una antesala del paraíso y que Francia ?y el mundo? no repetiría errores y horrores del pasado. La propaganda está, en este caso, a cargo de Coulmier, el director del hospicio, empeñado en sostener, frente al escéptico y burlón Sade, las bondades del nuevo régimen. Lo interesante para el espectador es que Sade y Marat parten de una creencia común en las bondades del estado de naturaleza, según Rousseau, pero difieren a poco andar: para el marqués, la única solución para los males de la humanidad sería su total destrucción, al liberar por completo el instinto de muerte (ver Freud); para el tribuno, se trataría de eliminar a unos cuantos miles más de disidentes, después de lo cual reinarían para siempre la paz y la solidaridad.

El genio de Weiss ?que no volvió a repetir la hazaña? consiste en haber mezclado esta discusión fundamental y ambigua (por más que él declarase que Marat/Sade debe ser leída como una pieza marxista) con una acción vivaz, sin pausa, que envuelve a los protagonistas en una verdadera representación circense en la que se reflejan todas las vanguardias teatrales del siglo: la evidente huella de Brecht, la crueldad de Artaud, el absurdo, el esperpento de Valle-Inclán. El humor es más que negro, tenebroso (hasta la guillotina es representada a modo de pantomima burlesca); hay canciones (muy buenos los tres cantantes, que en el original son cuatro), danzas, grupos en incesante movimiento. Un caleidoscopio vertiginoso, manejado con mano maestra por Villanueva Cosse, en la magnífica, monumental escenografía de Tito Egurza, responsable también, junto con el siempre eficaz Miguel Morales, de la iluminación. Hay homogénea calidad en el numerosísimo elenco, pero sería injusto no destacar la revelación de un Marat convincente, Agustín Rittano (actuó en el estreno, alternará con Pablo Navarro); las excelentes actuaciones de Iván Moschner (Coulmier) y Santiago Ríos (el exaltado sacerdote Roux); la idoneidad de Edward Nutkiewicz en un Duperret algo aligerado de los excesos lúbricos con que Brook marcó al personaje en su puesta célebre; la elegante displicencia de Lorenzo Quinteros en un Sade que tan sólo declina su dandismo cuando se hace azotar por Charlotte, y el merecido aplauso a telón abierto que en la noche del estreno se llevó David Di Nápoli, en un parlamento desgarrador.

Oigamos, en fin, al maestro Brook: "La idea de la obra es la obra misma. [?] Weiss está buscando el significado, en vez de proponernos uno, y pone la responsabilidad de hallar las respuestas en donde deben estar: no en el dramaturgo, sino en nosotros".

Ernesto Schoo   


Domingo 29.07.09

La revolución en el manicomio

“Marat/Sade”. De Peter Weiss. Con Lorenzo Quinteros, Malena Solda, Iván Moschner y gran elenco. Dirección: Villanueva Cosse. Teatro Gral. San Martín.


EXCELENTE

Sobre los valores artísticos de “Marat/Sade”, de Peter Weiss, que en versión de Villanueva Cosse y Nicolás Costa ofrece el San Martín, ya se han publicado elogiosas consideraciones. No nos parece redundante, sin embargo, agregar nuestra coincidente opinión sobre una puesta y unas actuaciones magníficas. Y subrayar la valentía que supone, en esta época dominada por la trivialidad y el pensamiento débil, llevar a escena un texto arduo y transgresor, que explora con avidez filosófica e impertinente sarcasmo, a lo largo de dos horas de espectáculo, los claroscuros de la utopía revolucionaria.

No hay que olvidar que la obra fue escrita y estrenada en los `60, cuando la reflexión y la polémica eran ejercicios urgentes y necesarios, de cara a un horizonte que prometía cambios políticos y culturales profundos.

El dramaturgo alemán (nacionalizado sueco durante el nazismo) tituló originalmente la pieza “Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat, representados por los actores del Hospicio de Charenton bajo la dirección del señor de Sade”. Y la acción enfrenta en combate dialéctico al líder jacobino de la Revolución Francesa Jean-Paul Marat y al filósofo y libertino Marqués de Sade. La contienda tiene lugar en un manicomio, entre un Sade histórico (estuvo realmente internado en el hospicio parisiense) y los internos de esa casa de salud. Historia y ficción se cruzan exhibiendo la promiscua relación entre razón y locura, revolución y contrarrevolución o tragedia y payasada. Y revelan la trama fatalmente conflictiva de la naturaleza humana.

El inspiradísimo montaje puso en juego los múltiples desafíos que propone este texto de teatro dentro del teatro, al que se sumaron referencias estéticas a Brecht, Artaud o Beckett, y una multiplicidad de recursos siempre pertinentes, nunca ornamentales.

La escenografía de Tito Egurza, monumental y plena de sentido, recrea el área de baños del hospicio, con sus duchas listas para domesticar pacientes rebeldes. Pero además incluye graderías donde se ubican algunos espectadores cuya presencia instala una fuerte carga semántica. La vestuarista Daniela Taiana hace dialogar la elegancia ostentosa de los aristócratas con la miserabilidad de los enfermos y la uniformidad corporativa de burgueses y religiosos.

Las coreografías (Diego Starosta) y canciones (Carmen Baliero) también aportan ideas, contradicen e interrogan desde sus propios lenguajes.

Y si bien corresponde destacar composiciones logradísimas como las de Lorenzo Quinteros (Sade), Iván Moschner (el director del hospicio), o las de Edward Nutkiewicz, Luis Longhi o David Di Napoli, la valoración actoral debe alcanzar a cada uno de los integrantes del numeroso elenco.

Todas las interpretaciones están a la altura de una genuina expresión de teatro total.

Olga Cosentino

  

27.05.2009

Algunas dudas revolucionarias

Exigente y con gran desempeño actoral, este estreno en el Teatro San Martín presenta dos visiones del mundo en plena Revolución Francesa.

Al entrar a la sala Martín Coronado, el tiempo va a mutar. La magia de la convención teatral se redobla porque el público presenciará una obra que, escrita en 1964, está ubicada en el 13 de julio de 1808; y donde, a su vez, se representa otra obra acerca de lo sucedido quince años antes, el 13 de julio de 1793. Época de revoluciones, de cambios y de desencanto, la de hace dos siglos, la de la década del sesenta y la actual: tres lecturas se desgranan en esta Marat-Sade, del alemán nacionalizado sueco Peter Weiss, dirigida y adaptada por Villanueva Cosse, tercera puesta en Buenos Aires (las anteriores fueron en 1967 y 1998) que Peter Brook llevó a escena en Londres y filmó poco después, en 1966.

El inasible título completo de la pieza describe la acción. En Persecución y asesinato de Jean Paul Marat, representados por el grupo de actores del Hospicio de Charenton bajo la dirección del señor de Sade, “el Divino Marqués” –que efectivamente pasó los últimos años de su vida encerrado en el manicomio de Charenton, donde escribía y dirigía sus creaciones actuadas por los “locos” (véase Historia de la locura, de Michel Foucault)– ofrece a las autoridades e invitados ilustres el último día de Marat, líder del ala izquierda de los revolucionarios parisinos de 1789. Una revolución burguesa (sí, los burgueses hacían revoluciones) que cuando intentó hacer realidad la igualdad y la fraternidad, además de la libertad, se encontró con la pared de moderados y conservadores que la llevó directo de rodillas al militar Napoleón Bonaparte.

La obra hace pie en esa bisagra: por un lado, Napoleón-revolución democrática y social desactivada-discurso populista, en 1808. Por otro, en 1793, la lucha por extender el alcance de los derechos del hombre y el ciudadano, con la guillotina como procedimiento (período que la historiografía inmortalizó como “el reinado del Terror”) y el asesinato del jacobino Marat en manos de la joven girondina Charlotte Corday; es decir, el fracaso del sueño republicano reemplazado por la ambición de un emperador. Este duelo se corporiza en el enfrentamiento de dos visiones del mundo, la de Marat y la de Sade, la que defiende la violencia como necesidad para profundizar el cambio y terminar con la explotación de los más débiles; y el individualismo que sólo cree en sí mismo y en la crueldad intrínseca de la humanidad. Un contrapunto filosófico siempre vigente en cualquier época y lugar donde convivan el lujo y el hambre.

Es destacable el trabajo de Cosse como responsable de la versión (junto a Nicolás Costa), la letra de la canciones y, por supuesto, la dirección de este numeroso elenco que debe sostener el doble registro (el del loco y el del personaje que interpreta), en una permanente tensión entre el desborde y el castigo. Estos locos saben de lo que hablan aunque los cuerdos les exijan mantenerse a raya y los obliguen a una paz firmada por la fuerza. Se subrayan las actuaciones de Luis Longhi (el Relator) y el trío de cantantes (Luis Herrera, Julián Pucheta y Sol Fernández López), en medio de un gran desempeño general y la enorme alegría que provoca una exigencia en serio.
Leni González   

Jueves, 28 de Mayo de 2009

MARAT/SADE, UNA NOTABLE PUESTA EN LA SALA MARTIN CORONADO DEL SAN MARTIN

Cómo reflexionar desde el manicomio

La versión de Villanueva Cosse y Nicolás Costa apela a un sólido elenco para reformular la visión clásica de ambas figuras, en un ejercicio de teatro dentro del teatro que sirve como disparador de pensamientos sobre la condición humana.

Si bien no se desdeñan aquí comentarios sobre la sexualidad y sus violencias, lo central radica en los terrores y distorsiones que producen las revueltas sociales y en los principios de libertad, igualdad y fraternidad pregonados por la revolución burguesa de 1789. Quizá sea ese marco histórico el que propicia una concepción escenográfica que en la sala Martín Coronado tiende a la grandiosidad y facilita el desplazamiento de actores y actrices en las secuencias de conjunto y musicales. La contienda dialéctica se desarrolla en la sala de baños del manicomio, provista de las duchas necesarias para, llegado el caso, someter a los enfermos rebeldes. En ese espacio –compartido con dos tribunas de espectadores– se encuentra Marat sumergido en su bañera, reeditando la imagen que plasmó el pintor Jacques–Louis David, donde se quiso ver –por la inclinación y abandono del cuerpo del jacobino– una estética inspirada en la escultura La Piedad (o Pietà), de Miguel Angel. Lo cierto es que obsesionado por publicar sus panfletos y proclamas, Marat convirtió su bañera en escritorio, pues sólo allí encontraba algún alivio a una entonces incurable enfermedad de la piel. Cuidado por la fiel Simone Evrard (Verónica Cosse), el revolucionario resiste calladamente su dolor físico.

Escrita y estrenada en los primeros años de la década del ‘60, Marat/ Sade alienta una reflexión sobre la condición humana (en tiempos más permeables agitó conciencias) y una apertura de orden estético. Aquí se recurre a técnicas que apuntan en general a la acción física sobre el texto y a la utilización de elementos de la Commedia dell’ Arte, como los relativos a la dinámica del movimiento y la importancia que adquiere la música en el desarrollo de la trama. Con esos códigos y otros aportes técnicos, el hospicio de Charenton (ubicado en las afueras de París) se transforma en pintura de época: allí eran recluidos los enfermos mentales de clase media y alta. El año elegido por Weiss para que los internados recuerden a Marat a través del aristócrata Sade es 1808, cuando los ideales republicanos eran aplastados por el emperador Napoleón Bonaparte y habían transcurrido quince años de la muerte del líder revolucionario (el 13 de julio de 1793). De esta obra se dice que pertenece al teatro total por abarcar asuntos relacionados con el arte y la vida social y política, el ejercicio del poder y los derechos de los ciudadanos, incluidos los que corresponden a los pacientes psiquiátricos.

Uno de los desafíos que enfrenta este espectáculo es no cansar al espectador con diatribas, nada digeribles para el público de esta época, aun cuando también como el de los sesenta acumule motivos para ser drástico. Las diatribas son aquí expresadas de modo incoherente por enfermos rápidamente acallados. El diálogo, en cambio, es privilegio de Sade y Marat, personalidades históricamente simplificadas. Una manera de sortear los desbordes ha sido presentar a estos duelistas reconociendo sus contradicciones sin por eso abandonar sus teorías. Un recurso que incentiva la dialéctica y la actitud crítica en el espectador y que los responsables de la versión (Cosse y Nicolás Costa) impulsan al destacar segmentos reveladores sobre la naturaleza y el ser humano en la naturaleza; la libertad individual y la complejidad del pensamiento; o los dedicados a la liturgia de Marat, a la razón sepultada por la violencia y la falacia de las autoridades.

La muerte –escandalosa siempre– y la locura mixturada con la política son reflejadas con negro humor por un elenco sólido y creativo, integrado por Lorenzo Quinteros (Sade), Agustín Rittano (Marat) y otros intérpretes con oportunidad para desarrollar sus personajes, como Iván Moschner (Monsieur Coulmier, director del hospicio), Luis Longhi (relator), Malena Solda (Charlotte Corday), Verónica Cosse (Simone Evrard), Edward Nutkiewicz (Duperret), Santiago Ríos (el agitador Jacques Roux) y los actores–cantantes Luis Herrera, Julián Pucheta y Sol Fernández López. El elenco es numeroso y demuestra plasticidad en cada uno de los roles, incluso los más pequeños, y en situaciones de amansamiento o insurrección, cuando los enfermos que componen se descubren cuerdos e intentan adueñarse torpemente de un final que seguirá siendo impredecible.

 


 


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