MARATHON

TEATRO  NACIONAL CERVANTES   2010

DE   RICARDO MONTI

DIRECTOR   VILLANUEVA COSSE

VESTUARIO   DANIELA TAIANA

ILUMINACION   JOSE LUIS FIORRUCCI

ESCENOGRAFIA  Y MULTIMEDIA
TITO EGURZA


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TEATRO  NACIONAL CERVANTES TEMPORADA 2010

SE ESTRENA  
EL 27 DE FEBRERO DEL 2010

CON EL SIGUIENTE ELENCO

ANIMADOR...................... Pompeyo Audivert
GUARDAESPALDAS........ Montenegro
HOMERO ESTRELLA........ Pepe Novoa
ELENA GARCIA................ María Fiorentino
TOM  MIX......................... Martín Slipak
ANA  D............................ Irene Goldszer
HECTOR EXPOSITO........ Sebastián Richard
EMA  EXPOSITO............. Verónica Cosse
N. N................................ Iván Moschner
PIPA............................... Iride Mockert
PEDRO VESPUCCI.......... Luis Campos
ASUNCION....................... Patricia Durán
HERMANA........................ Lucía Rosso
HERMANO....................... Marcelo Fiorentino

Asistente de dirección  SILVINA RODRIGUEZ

Producción ejecutiva  DAVID HOYO

COREOGRAFIA
CAMILA VILLAMIL

MUSICA ORIGINAL Y MUSICALIZACION
CARMEN  BALLERO

ILUMINACION
JOSE LUIS FIORRUCCI

VESTUARIO
DANIELA TAIANA

ESCENOGRAFIA Y MULTIMEDIA
TITO  EGURZA


DIRECCION GENERAL
VILLANUEVA COSSE

________________________

PRODUCCION 
TEATRO NACIONAL CERVANTES  - BUENOS AIRES

MARATHON 2010
 FOTOGRAFIA DEL INICIO - ESCENA 1

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ACERCA DE LA PUESTA EN ESCENA



VILLANUEVA COSSE











RICARDO MONTI

En 1980, el contexto político y social de entonces condicionó la lectura de la pieza en una sola dirección: Ahora, en democracia, liberada de esa referencia específica que es la dictadura, la obra planea, adquiere otro vuelo.
No obstante la crudeza de las situaciones representadas, la obra no está imbuida de un escepticismo escapista, sino que alerta al espectador acerca de la necesidad de implementar cambios de fondo.
“Muchos hablan de Discépolo como si él hubiese disfrutado de su pesimismo. La letra de ‘Cambalache’ es un diagnóstico brutal, habla de la condición de desbarajuste de este mundo, de la falta de solidaridad. Discépolo quería crear una conciencia. Monti es menos agresivo, pero él también está diciéndonos que seamos conscientes de esto que nos pasa.

Hoy pienso que Marathon es histórica y ahistórica a la vez. Muestra al hombre como si fuera un insecto social visto por un entomólogo, pero no desde arriba, sino como si ese científico quisiera entender qué une y desune a esos personajes y cómo se codean con el absurdo.

Las menciones a lo temporal las quité con el permiso del autor. En esta puesta, la acción no ocurre en los años ’30. El vestuario remite a diferentes épocas, que van desde los ’30 hasta los ’70. También cambió la música, porque hay tango y milonga, pero también pop y mambo

Los personajes son fragmentarios, traen con ellos pedazos de vida. Como si fueran parte de un rompecabezas del que se perdieron piezas. Como un carrusel que gira y que deja ver, al pasar, fragmentos de una y otra cara. Muertos de cansancio, los personajes funcionan como un coro en primer plano, pero después retroceden a una cuarta línea mientras que uno de ellos se transforma en corifeo. Los grandes pintores sabían de la importancia de dejar adivinar al que observa.

Los personajes dejan de ser ellos mismos para transformarse en personajes históricos, pero luego vuelven a ser ellos otra vez. Como si se dijera que el hombre es su circunstancia.
Los mitos son como las patas de una mesa que busca su equilibrio. Las patas apolilladas, podridas, de nuestro nacimiento. Son los soportes históricos que luego se vuelven mito y que parecen sostener el sentido de la nación. Siempre nos estamos preguntando acerca del ser argentinos. Es casi un deporte nuestro

Pedro de Mendoza habla de la fundación, de un nacimiento muy poco deseable, porque se ha ocupado un territorio por la fuerza. Es algo que se puede relacionar con lo sucedido siglos después en la Campaña al Desierto. Creo que haber nacido como colonia marca nuestras acciones políticas. Y hablar desde ahí de independencia se vuelve muy difícil. Casi trescientos años después de la fundación, Mariano Moreno se presenta como un joven envenenado por sus ideas republicanas, por sus ideas de la gran América. El tercer mito se refiere a la oligarquía, con la alusión a El matadero, de Esteban Echeverría. Se ve el nacimiento de los barones de la tierra, el surgimiento del alambrado. De la enorme acumulación de vacas, aparece una suerte de égloga que habla de la matanza de animales. Ahora mismo tenemos el cultivo de la soja y el tractorazo...

Existe, además, vigilia estropeada, porque no es la vigilia de un hombre alerta y disponible, sino de unos seres que se resisten a caer. Es el baile de la obnubilación, del estrés infrahumano al que es sometido el trabajador cuando tiene trabajo y el hombre, cuando está desocupado. Sartre decía que, en el mundo capitalista, el obrero siente el cansancio como algo que corresponde a su clase. En cambio, en el mundo socialista, el obrero siente el cansancio como algo privado. Es él quien está cansado, no su clase. Esa gente que baila busca un sostén, una razón, un sentido. Ganar algo, ser el número 1 por un instante. Se puede decir que han caído en las manos de una suerte de antecesor de Tinelli.



LA   PROPUESTA   ESCENOGRÁFICA
La idea de incorporar multimedia en la concepción del diseño abrió la posibilidad de contar con soluciones que quedaron pendientes en los trabajos de las puestas anteriores.
Fundamentalmente en lo referente al "Salón de Baile"

La obra propone una fractura del tiempo, es decir, las escenas corresponden a distintos  "momentos", sin ningún correlato crónico lógico.  Si tuviéramos que imaginar el salón donde se desarrolla cada escena este sería  el mismo pero su estado o estilo de ambientación respondería a distintas años, distintas décadas y estados de conservación.

Los habrá de tratamiento "art nouveau" , "art deco", "racionalista",, etc. Contenidos por la misma arquitectura e intercalándose, por escena, casi en forma arbitraria. Pero, siempre tratando de reflejar la situación dramática..  Hacia el final, al igual que los personajes de esta Marathon el deterioro ,  el desgaste, el caerse "a pedazos", conllevan a un estado, paulatinamente,  "ruinoso". 

ESCENOGRAFÍA  REAL  Y  ESCENOGRAFÍA  VIRTUAL

  DISEÑO  ESPACIAL
La idea es lograr , dentro del "campo visual" del espectador un espacio "salon" creíble en cuanto hace a la conjunción de la perspectiva real del escenario y la proyección con su propia continuidad

Para ello se pensó en 3 planos de "profundidad" visual.. Buscando dar cabida en el primer plano, a la acción de la puesta en escena de la obra. Es decir, lo que hace a lo funcional.  
LOS 3 PLANOS

 El primer plano , que abarca desde la embocadura de la escena, con 2 columnas reales, hasta las pantallas " P2"
(bastidores forrados con screen) donde se proyectan la segunda linea de columnas

 El segundo plano, desde las pantallas "P2" hasta la pantalla "P1" . Este contiene un espacio real entre ambas pantallas con practicables de 40 cm de alto de punta a punta generabdo una especie de pasillo de entrada y salida por ambos laterales

 Finalmente el tercer plano absolutamente virtual , con el resto de las columnas que completan el espacio total
Las columnas, tanto reales como virtuales generan el espacio con continuidad dentro del campo visual

 ESCEGRAFÍA   REAL
Para La escenografía real "corporea" está en función de la acción y la puesta en escena. La pista de baile es rodeada por desniveles, para generar contre-escenas y en lugar destacado el púlpito principal del Animador
Adelante palcos bajos con el mismo tratamiento



Solo las columnas reales en la embocadura están en función de lo escenográfico como se explicó

  ESCEGRAFÍA   VIRTUAL
Se construye en 3D  "la caja" que alverga el fondo del salón, buscando mantener "la arquitectura" y mediante la aplicación de distintos materiales y diseños en la realización de las paredes, vidrios, carpinterías, cielo rasos, y artefactos de iluminación

MARATHON 2010
RENDER   LISTO  PARA  PROYECTAR
marathon-2010
IMAGEN  COMPLETA   CON  LA  PROYECCION
MARATHON 2010
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  DESTRUCCION  Y  DETERIORO
   Durante la escena final  el salón sufre una degradación progresiva hasta un estado ruinoso en 9 pasos  (aquí ejemplos)
MARATHON 2010

  LOS CLIMAS Y LA LUZ
Todos los diseños tienen variantes que se basan, fundamentalmente, en la iluminación virtual de los mismos.

Para ello se aprovechan las ventanas y , en mayor medida, los artefactos de luz dibujados que al apagar cambia el clima visual

Estos climas deben y son acompañados con la iluminación real, tanto a los ángulos e intensidad como, y fundamentalmente, en la coloratura
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FOTO  DE  LLA  ESCENA
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  LOS  MITOS
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FOTO  ESCENA  DEL   MITO:  PEDRO DE MENDOZA
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FOTO  ESCENA  DEL   MITO:  MARIANO  MORENO
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FOTO  ESCENA  DEL   MITO: OLIGARQUIA VACUNA
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FOTO  ESCENA  DEL   MITO:  FASCISTA
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CRITICA


2 de marzo de 2010

Interminable baile hecho de engaños

Con un elenco sin fisuras, la puesta de Villanueva Cosse presenta una competencia de danza que dispara reflexiones vitales.

Clasificación: 9

El engaño no es aquí el que practicaban los dadaístas respecto del público, cuando le anunciaban una escena que luego no se realizaba. Aquí el público es el imaginario de la obra y el real ubicado en la sala mayor del Cervantes. Uno y otro asisten a un montaje donde un estrafalario Animador de origen ignoto promete entretenimiento instando a las parejas de un baile de resistencia a ser consecuentes con el deseo de obtener un premio que será sorpresa durante horas, días y semanas. ¿Dónde reside la trampa? Algo adelanta ese Animador, incluso cuando define de modo poético que “bailar es disolverse en la memoria de los otros”. El hombre no está solo: tiene a modo de sirviente un guardaespaldas de rostro imperturbable, una máscara-maquillaje en la línea de las creadas por el autor y actor francés Roland Topor.

Director de esta puesta, Villanueva Cosse pone el acento en situaciones que al momento del estreno de Marathon en los Teatros de San Telmo, en 1980, y luego en el Payró (en 1982) tenían otras resonancias. En consonancia con el texto de Ricardo Monti –dramaturgo de fina escritura–, Cosse no vacila en destacar el carácter universal de los conflictos y las pasiones que dejan huella, más aún en los seres agónicos de esta historia, “gente común, de-sesperada”, como señala el Animador, cuyo poder se basa en el anhelo de esos otros por obtener una recompensa que les resuelva la vida.

La acción se desarrolla en un espacio cerrado destinado a la trampa y al rito, como corresponde a una situación sin salida. Se trata de una pieza utilizada como material de estudio y trabajada en el circuito alternativo con escasos recursos. Se supone que el propósito es también aquí dar cuenta de un entramado sensorial que debe atrapar, aun cuando no se adviertan qué hilos unen a los danzarines en crisis. Esa filigrana –característica en las piezas de Monti– es menos visible en montajes como éste de gran despliegue, del que se ocupan con excelencia artistas consagrados como Tito Egurza, creador de la escenografía y multimedia realzada por la iluminación de José Luis Fiorruccio, y Carmen Baliero, con sus composiciones originales y la selección musical. Una opción –la de Cosse– que no resta sino que suma lecturas a las palabras y los silencios de una puesta que se detiene en escenas melancólicas y ensoñaciones.

En la simbología que plantea Marathon (también versión operística del fallecido Pompeyo Camps) ingresa la locura anudada al deseo de poder, cuyo espejo es aquí el malicioso Animador que interpreta Pompeyo Audivert, quien se supera a sí mismo al mostrar la tensión que le genera a su personaje el pasaje entre verdad e hipocresía. Circunstancia en la que cae también el guardaespaldas ( Montenegro), pusilánime ante la furia de los danzarines. Las interpretaciones –todas destacables– incluyen efectos cómicos ampliamente logrados a través del puro juego actoral. Es el caso de María Fiorentino en el rol de Elena García, Pepe Novoa (el poeta Homero Estrella) y –en otro tono– el de Iván Moschner, como el patético NN.

Si bien la obra se relaciona con la tiranía de quienes detentan poder, éste no parece servir a nadie. Tampoco al Animador que abre camino a la catarsis de los bailarines para diversión del público. “El cansancio de ustedes es el espectáculo”, les dice este “ladrón de miserias”. Entre tanto desdoblamiento y confesión, Marathon se convierte en pregunta: ¿cuál es el premio? ¿Cansarse para descansar?, como arriesga un personaje al promediar la obra, cuando los bailarines apenas vibran ante el deseo de salir del pozo existencial en que se encuentran y el anhelo de felicidad se esfuma. “Todos buscamos nuestro premio, aun sin saber cuál es”, dice a modo de corolario el Animador, mientras los danzarines atados a la noria del autoengaño sienten que “abandonar no es fácil, y seguir tampoco”.

Hilda Cabrera

5 de marzo de 2010

Espléndido montaje de Marathon

Con su puesta, Villanueva Cosse mantiene intacto el espíritu del gran Ricardo Monti

Nuestra opinión: muy buena

Varios méritos habría que adjudicarle a la magnífica producción dramática de Ricardo Monti dentro del teatro argentino, difíciles de detallar en el menguado espacio de una crítica ocasional. Por lo pronto, y sabiendo que nos olvidamos de otros, hablemos de dos: uno es haber introducido en nuestra escena una voz poética de alta calidad y perfil singular -que es la condición sine qua non que marca y justifica la presencia de un artista en el territorio de la creación-; el otro, haberse constituido en maestro e impulsor germinal de una generación de dramaturgos que aportaron y siguen aportando fertilidad a la literatura teatral de este país.

En ambos casos, su aporte es grande. Cuando Jaime Kogan estrenó Marathon en el por entonces asediado teatro Payró -1980, año en que la última dictadura militar no exhibía aún signos de agotamiento-, una suerte de moda comenzaba a tomar forma: la del teatro de la imagen, tendencia que negaba el papel de la palabra en el fenómeno escénico. Sin perjuicio del buen propósito que animara a sus impulsores, era, a todas luces, una petición estética inoportuna y sospechosa en un momento en que el régimen sostenía que el "silencio" era salud y acallaba opositores a granel y por cualquier método.

Monti, con su teatro -del mismo modo que Osvaldo Dragún, Roberto "Tito" Cossa, Carlos Gorostiza, Griselda Gambaro y tantos otros que luego confluyeron en Teatro Abierto-, demostró que la palabra es imprescindible en teatro y que no hay instrumento más rico y generador de imágenes que ella en la mente del hombre, con la virtud suplementaria de que contribuye, sobre todo cuando transita por el camino de la polisemia o la exuberancia de lo poético, a que el receptor construya en libertad y autonomía su sentido, a que lo haga desde su propio mundo. Y lo demostró en un tiempo difícil y peligroso.

En ese aspecto, Marathon ensanchó ese camino con la densidad de su belleza simbólica, con la potencia de un texto que habla del desamparo del hombre en la tierra, y mezcla magistralmente esa visión en una dimensión mítica e individual a la vez. Es por eso muy acertado y justo que a tres décadas de su aparición se haya repuesto la obra en el Cervantes. Y lo es porque, además de la permanencia de los valores artísticos de la pieza, la puesta concebida por Villanueva Cosse está en directa simetría con el espesor poético del libro.

Actuaciones notables

Con el concurso de una escenografía especialmente lograda de Tito Egurza -que trabaja con proyecciones sobre el fondo de la escena- y la sugestiva iluminación de José Luis Fiorruccio, el director consigue darle a ese desesperado concurso de baile de resistencia de los años 30, que es la base del relato de la obra, carnaduras visuales de una escalofriante factura, donde los vitrales del primitivo ámbito del salón van avanzando, en una degradación similar a la que sufren las criaturas que danzan por un premio que nadie sabe qué es, hacia la ruina y la decadencia. La ruina y decadencia del hombre frente a la muerte, la falta de Dios y el poder.

La excelencia de esta versión se completa además con el aporte de un muy conocido elenco de actores, que cumplen su faena, con la dirección de Cosse, con una capacidad de entrega y caracterización notables. Es muy destacable la labor del talentoso Pompeyo Audivert, como el viscoso y mefistofélico animador del baile; la de Pepe Novoa, como Homero Estrela, o María Florentino, en el papel de Elena García. Pero sería injusto no subrayar la excelente labor de todas las demás parejas, que contribuyen con su actuación a la solidez general de la versión.

Alberto Catena  



Marathon
Una obra de una calidad literaria tan infrecuente que se vuelve subversiva en esta Argentina banalizada.
Aunque su estreno data de treinta años atrás, Marathon vuelve para mucha gente -y no sólo la de teatro- con una estela casi mítica que la sigue como la cola de un cometa. Es uno de los grandes títulos de Ricardo Monti, un autor nada prolífico y nada mediático que en el año 70 sorprendió a través de Una noche con el señor Magnus e hijos explorando senderos del todo nuevos para la época. Llegó después Historia tendenciosa de la clase media argentina y luego de un silencio bastante largo, la célebre Visita, donde sus preocupaciones se volvían mucho más herméticas pero igualmente inquietantes. Y en el 80, Marathon, el título que de algún modo le permitió hacer ese teatro personal y sin concesiones pero con una insospechada captura del público masivo ya que fue un éxito auténtico, rotundo, que generó una reposición y hasta una versión para ópera en el Colón. Nada de eso interesa al espectador de hoy, pero viéndola de nuevo uno entiende dos cosas: una que la obra es de una calidad literaria tan infrecuente que se vuelve subversiva en esta Argentina banalizada hasta el dolor, uno teme que irrumpa en la sala un comando tinellista y haga una masacre; la otra que aquél impacto de los ochenta sí puede ser atribuido a lo que el director Villanueva Cosse niega en el programa de mano, que la obra podría haber sido entendida como un teatro de “circunstancias”. Marathon tiene una carga alegórica muy nítida contra la dictadura militar y puede ser considerada un trabajo pre-Teatro Abierto, inclusive una obra de Teatro Abierto más larga. Punto.
¿Qué encontrará el espectador 2010? Un gran espectáculo que debe ser valorado como argamasa de texto y puesta fundidos hasta configurar las imágenes de una ceremonia impresionante y desoladora.

Seis parejas de una competencia de baile cuyo premio desconocen deben, como en todo concurso de esta índole, bailar sin interrupción. El animador estimula desde el púlpito con un discurso demencial y su guardaespaldas se ocupa de espantar el cansancio con recursos poco retóricos. Esos doce infelices sobreviven en una pista que no podrán -y lo intuyen con terror- abandonar. Como en el infierno de Dante, adivinan demasiado tarde que han de resignar toda esperanza. ¿El premio? Durar. ¿Para qué? Ya se los dirá el animador… o no. Monti infiltra su obra con algo de la espera más angustiosa que tal vez haya dado el teatro de todos los tiempos, la de Godot. Por eso importa poco lo que digan los personajes cuando bañados en sudor piden una pausa para sus breves y mutilados parlamentos. Nada cuenta, ninguna historia personal, ningún pedazo de amor o de culpa. Ellos habitan una pesadilla -todo el teatro de Monti es hondamente onírico- y hasta el público es parte de ella (puestas anteriores acentuaron esta presencia de modo muy intenso).
Villanueva Cosse, con la estupenda escenografía de Tito Egurza --el “dueño” legítimo de Marathon, todas las versiones tuvieron su ambientación-- hace su propia lectura y concibe su propia dinámica negociando con Monti sólo algunas omisiones respecto del original, buscando una profundidad y amplitud que prescinda de referencias locales. Es el suyo un gran trabajo de sensibilidad e imaginación.
El elenco de bailarines autómatas le responde en alto nivel y aunque la balanza se inclina a favor de Pepe Novoa en el poeta Homero Estrella, también por incidencia del texto y el potente final que tiene a su cargo, los demás aprovechan muy bien sus fugas del baile agónico. Son ellos María Fiorentino, Martín Slipak, Irene Goldszer, Iván Moschner, Iride Mockert, Sebastián Richard, Verónica Cosse, Luis Campos, Patricia Durán, Lucía Rosso y Marcelo Fiorentino. Pompeyo Audivert en el animador es la pieza maestra de esta maquinaria, sobrelleva sin respiro el
peso del espectáculo y lo hace con el histrionismo y la seguridad escénica que ya se le conoce. Brilla también Montenegro en el guardaespaldas.
No siendo la sala grande del Cervantes y su escenario el ámbito ideal para esta pieza, generan la atmósfera requerida las luces de José Luis Fiorruccio y el vestuario a cargo de Daniela Taiana, todos, como queda dicho, bajo la sabiduría de Egurza.

Como la pieza no tiene demasiado teatro en cuanto a diversidad de situaciones, sugerimos escuchar con oído fino el texto, a veces de una inusitada belleza.-
Rómulo Berruti  

   6 de Marzo 2010

Bailando por un sueño

MUY BUENA

La luz de escena se enciende sobre una miserable pista de baile donde se desparraman viejos zapatos vacíos. La visión evoca catástrofes, holocaustos y cromañones pasados y presentes. El impacto de la imagen con que empieza la versión de “Marathon”, de Ricardo Monti, que acaba de subir al escenario del Teatro Cervantes, activa de inmediato la asociación con la época siniestra de su estreno original, en 1980. Pero enseguida se advierte que la obra trasciende aquella circunstancia histórica con una densidad filosófica capaz de interpelar a la vez nuestra identidad como país, nuestra civilización, nuestra barbarie y nuestra pertenencia a la cultura occidental. No es arbitraria la huella griega de la “hache” en esta marat(h)on. Desde las míticas competencias clásicas intenta ganar la humanidad, aquí encarnada en una docena de desesperados que bailan por un premio ignoto (¿por un sueño?), manipulados por un animador sin escrúpulos, obligados a la exhibición humillante de sus miserias y empujados a la agonía y la muerte.

La puesta de Villanueva Cosse valorizó lo que este texto sobresaliente tiene de inagotable y universal. Y mantuvo el grotesco espectral que hunde sus raíces en los personajes y la poética populares. La obra propone una alternancia de épocas y personajes, de realidad y mitología, de razón y de locura que fluyen gracias a los climas generados por el diseño escenográfico de Tito Egurza, también responsable, hace treinta años, de la memorable puesta del fallecido Jaime Kogan. A la que este regreso, hay que decirlo, rinde dignísimo homenaje.

Acaso quienes hayan visto aquella versión añoren ahora, en este escenario a la italiana del Cervantes, la asfixia dramática que en los Teatros de San Telmo producía la presencia del público prácticamente integrado al espacio escénico. Hoy, la distancia física permite sin embargo asistir a una lectura más distanciada y abarcadora. Por otra parte, todos y cada uno de los rubros evidencian un tratamiento de la materia dramática de inobjetable compromiso. El expresionismo fantasmal de la coreografía (Camila Villamil), del vestuario (Daniela Taiana), de la iluminación (José Luis Fioruccio) y de la música (Carmen Baliero) suma significados sin caer en el virtuosismo frívolo.

Otro tanto hay que decir, finalmente, de las homogéneas actuaciones. Intérpretes como Pompeyo Audivert, María Fiorentino, Luis Campos, Iván Moschner o Pepe Novoa están a la altura de sus trayectorias. Pero sería injusto pasar por alto la intensidad sin fisuras con que el joven actor Martín Slipack afronta de manera descollante los exigentes pasajes de su personaje. No obstante, cada actuación define la visceralidad y psicología de su criatura y responde de manera homogénea a las exigencias de una puesta rigurosa.

Olga Cosentino  

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